miércoles, 26 de marzo de 2014

INOLVIDABLE ALCALÁ



Lo confesaré. A pesar de sentirme cada vez más escritor, y de saber con una certeza tan absoluta como que ahora, por fin, disfruto del auténtico amor que no podría vivir sin respirar Literatura, nunca había visitado Alcalá de Henarés. El sábado lo hice junto a mi musa, la mujer que llena mi vida y alumbra e inspira mis últimos escritos. Recorrimos el casco antiguo, los soportales de la Calle Mayor, las murallas, las iglesias y los museos, nos sentamos en la plaza y ante la fachada de la cisneriana Universidad, y visitamos la casa donde, al parecer, nació Miguel de Cervantes. No pude reprimir unas lágrimas emocionadas cuando atravesé el umbral y accedí al patio porticado que algo tenía de claustro recoleto, o al menos eso me pareció. Sólo espero que al contacto de aquellas paredes se me pegara algo del genio cervantino, que ahora que estoy enfrascado en pleno proceso creativo, falta me hace. Y más cuando empiezan a acuciar las urgencias en forma de fechas que caducan y mi editor no deja de meterme prisas para que remate el inminente libro de cuentos que amenaza con publicar.

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