miércoles, 19 de noviembre de 2014

UN AÑO MÁS LA NAVIDAD SE HIZO PURO CUENTO



Hace años le oí decir al maestro Manuel Vicent que un escritor debía sufrir mientras escribía para que sus lectores disfrutaran luego con lo que leían.
Si esa reflexión es cierta, los lectores que tengan el privilegio de asomarse a las páginas de LA NAVIDAD ES PURO CUENTO disfrutarán mucho con los cuentos que van a leer y las ilustraciones que van a contemplar, porque ésta ha sido -sin duda alguna- la más complicada de las seis aventuras que hemos emprendido. Y digo la más complicada, tanto por los riesgos que hemos afrontado desde que decidimos iniciar esta sexta singladura del proyecto cultural CONTAMOS LA NAVIDAD aboliendo fronteras, como por la incertidumbre que hizo que nuestro ánimo zozobrara en algunos momentos, cuando una vez conseguido el objetivo de reunir -un viaje más- un plantel excelente de escritores y de ilustradores, en esta ocasión ampliado al ámbito nacional, nos topamos con una realidad económica que nos hizo temer que los mecenas que en ediciones anteriores nos habían alentado para que siguiéramos regalando literatura por Navidad, esta vez nos volvieran la espalda.
Pero a la hora de la verdad, el milagro de la Navidad volvió a producirse, y un último tirón sirvió para que alcancemos la nada despreciable cantidad de 7.000 ejemplares impresos.
Gracias a todos los escritores e ilustradores que de una manera absolutamente altruista han donado sus relatos y sus ilustraciones. Gracias a los promotores que nos han respaldado. Gracias a Editorial al margen por promocionar y difundir desinteresadamente nuestra iniciativa. Y, por supuesto, gracias a los lectores que están por venir, y por descubrir que la próxima Navidad será un puro cuento ilustrado.  

viernes, 7 de noviembre de 2014

RUIDO


Me levanto temprano para escribir. Estoy agotando mis últimos días en este suplicio de ladrillo y hormigón en el que vivo desde hace algo más de un año, pero tengo que seguir avanzando en mi libro, sea como sea. Dicen que los que madrugan reciben ayudas (no tengo muy claro de quién, no porque no me sepa el refrán...), pero no es mi caso. Admiro (o no) a los que pueden escribir puestos hasta el culo de lo que sea y, si se tercia, con música de Los ángeles del infierno de fondo, pero no es mi caso: a mí me distrae el revoloteo grácil y colorido de una mariposa. Así que solo puedo echarme a reír lacónicamente cuando nada más encender el ordenador, como si me estuvieran esperando, mis vecinos de tabique encienden la tele a toda pastilla y me meten en la biblioteca a ese presentador local que se obstina en no llevarme a su programa. Y lo siento mucho, no es falta de hospitalidad, pero no estoy dispuesto a aceptar que entre en mis oídos alguien que no quiere nada conmigo. Pero eso no es todo. A pesar del cambio horario, al día le cuesta desperezarse, abrir los ojos, echar a andar. Sin embargo mi vecina del cuarto, la que se sobresalta con mis andanzas nocturnas, padece pesadillas eróticas conmigo y va a protagonizar uno de los relatos más escarnecedores de mi nuevo libro, parece tener un agujero disimulado en el techo, como los de las alcahuetas de los burdeles peliculeros, y decide sumarse a la fiesta, aporreando con un martillo el suelo aquí y allá, como si tratara de despatarrar a base de martillazos a un ratón esquivo y huidizo que se zafa constantemente de sus acerados golpes. En fin, será cosa de resignarse y de mudarse cuanto antes. Mi mente lo agradecerá, y mis lectores (ávidos, espero, de mi nuevo libro) también.
Posdata: Como el roedor se le resiste, ha decidido sustituir el martillo por un taladro. Qué horror.


jueves, 23 de octubre de 2014

ENCONTRÁNDOME CON LOS LECTORES EN LA BIBLIOTECA DE MEDINA DEL CAMPO




Es un placer sentirte escritor cada vez que respiras. Pero mucho más si cerca de ti tienes un público entusiasta que ha leído tu obra -"Entre el porvenir y la nada" en este caso- y comparte contigo sus opiniones y las sensaciones, dudas o emociones que le ha provocado la lectura de tu libro.
Aunque he de confesar que ha sido extraño volver la vista atrás esta mañana, en la Biblioteca de Medina del Campo, y encontrarme con relatos y personajes escritos o creados hace años. Ha sido como coincidir con amigos a los que llevaba sin ver mucho tiempo, y descubrir que los vínculos que nos unen siguen siendo tan fuertes como lo han sido siempre.

viernes, 10 de octubre de 2014

UNA PRESENTACIÓN MÁS. UNA PRESENTACIÓN ÚNICA

El secreto de su nombre

Los mejores relatos en edición digital bilingüe

Good afternoon to everybody! Así comenzó el discurso que la escritora Mar Sancho dedicó a José Ignacio García, como guiño a la nueva edición multilingüe de su último libro. El secreto de su nombre / The secret of her name es una antología de relatos que el autor, Premio Miguel Delibes de Narrativa en 2009, ha presentado en tres versiones digitales: españolainglesa y bilingüe. Una obra con mucha variedad geográfica que posee historias muy castellanas, pero también otras muy viajeras, llenas de amor, muerte, milagros, aventuras y sobre todo pasión.

A la presentación literaria, celebrada el 9 de octubre en la Biblioteca Pública de Valladolid, acudió Zeus Pérez, director de AL MARGEN EDITORIAL, que destacó su entusiasmo por estrechar los puentes entre lectores de Internet y autores: "Todos llevamos smartphone en el bolsillo o disponemos de tablet en casa. Consumir en cualquier momento y lugar una obra como la de José Ignacio es una maravilla y esperamos que no sea la última".
José Ignacio García
Mar Sancho, como madrina del evento, comentó el apego al libro en papel, que acaba teniendo una rendición a lo digital como ha ocurrido con otras cosas:  "Nos vamos dejando rendir a los atractivos, la comunicación electrónica, las redes sociales... Hemos recuperado la literatura epistolar con correos y pequeños mensajes cotidianos que no hacíamos anteriormente". La escritora también bromeó sobre los problemas de espacio que ahorra un libro electrónico y definió la obra de García como muy elaborada pero al mismo tiempo con espontaneidad. "Sus relatos están hechos para el deleite, el disfrute y para pasar un rato estupendo tanto en inglés como en castellano, porque leer es la mejor manera de vivir", expresó Sancho.
El autor de El secreto de su nombre agradeció emocionado la asistencia a todos los presentes y comentó los lazos de unión con su colega y moderadora, ya que ambos participan cada año en el proyecto cultural CONTAMOS LA NAVIDAD, que recopila grandes cuentos ambientados en la época navideña.

José Ignacio García quiso despedirse con la lectura de "El milagro del buey mago", uno de los relatos incluidos en su obra, e invitó también a leer unos fragmentos a Mar Sancho y a Boris Rozas, que prologará el próximo libro del autor, titulado El cuento que quisiera escribir contigo. El escritor espera realizar este nuevo estreno a principios de 2015.
Presentación El SECRETO DE SU NOMBRE
Los escritores Boris Rozas, José Ignacio García, Mar Sancho y el editor Zeus Pérez (de izda. a dcha.)
El secreto de su nombre
El secreto de su nombre
The secret of her name
José Ignacio García
al margen editorial (2014)
Descargar aquí:
Amazon
Google Play Books
Además del Premio Miguel Delibes de Narrativa por Entre el porvenir y la nadaGarcía ha conseguido otros numerosos galardones de relato breve, que sirven para conceptuarlo como uno de los mejores cuentistas de su generación. Entre ellos cabría destacar los siguientes: José González Torices,Café Compás, Internacional de Guardo, Luis Pastrana, Manuel Valdés, Mazzantini (en dos ocasiones), Cuentos Navideños de Navalmoral de la Mata, o las Justas Poéticas Castellanas, en la modalidad de cuento corto.
Lectura de EL SECRETO DE SU NOMBRE
Mar Sancho y Boris Rozas durante la lectura del relato que da nombre al libro El secreto de su nombre
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martes, 16 de septiembre de 2014

DE YOLANDA IZARD, UNA DE LAS GRANDES DE NUESTRAS LETRAS, UN TALLER LITERARIO IMPRESCINDIBLE


Queridos seguidores de mi blog. Recibo lleno de gozo el cartel anunciador del taller literario que está a punto de inaugurar Yolanda Izard. Ya sabéis que yo también imparto cursos de escritura creativa, pero lejos de ser competencia, el taller de Yolanda será, sin duda, una fuente cristalina donde calmar la sed creativa de cualquiera que sienta inquietudes literarias, y su categoría como narradora un espejo incomparable en el que mirarse. Yolanda ama apasionadamente la vida y la literatura, y esa pasión cargada de sutileza, de sensibilidad y de sentimientos se aprecia en lo que escribe (y también en lo que lee y puede recomendar, como prestigiosa crítica que es). Licenciada además en filología y correctora experta de textos, puede ofrecer el soporte ideal para quien quiera mejorar su estilo, o incluso tenga una obra medio escondida en un cajón, que necesite el espaldarazo de un especialista para atreverse a ser publicada.
Porque sé el paño que corto, os recomiendo de verdad este taller. Lo malo es que con profesoras tan buenas como Yolanda, y con lo barato que resulta escribir (en comparación con otras ramas artísticas), cada vez nos va a salir más competencia que dé la razón a quienes creen en esa sentencia falaz que asegura que en España hay más escritores que lectores. Eso sólo se lo creen el futbolista italiano Cassano y Belén Esteban, que presumen de haber escrito más libros de los que han leído. Pero lo que ellos escriben no es literatura. La verdadera literatura se aprende con maestras como Yolanda Izard. Hacedme caso y enseguida lo podréis contar...como hay que contar un cuento de verdad.

lunes, 15 de septiembre de 2014

POR FIN... MIS CUENTOS, TRADUCIDOS AL INGLÉS, AL ALCANCE DE TODO EL MUNDO


Muchas gracias, Zeus y Jorge (E2E4Media / Al margen Editorial), por confiar en mí, y a Carlos Velasco por tener la idea original, y desarrollar la portada. 
Desde hoy, gracias a las nuevas tecnologías -y a la traducción,  tan certera como entusiasta, de Rebeca García Alonso de mis cuentos al inglés-, cualquier lector del planeta podrá leer en versión online, entre otros relatos, "Wine room", "Las visiones de Toña", "El paraíso del silencio" o "El secreto de su nombre", que hasta ahora sólo estaban al alcance de aquellos que disponían de ellos publicados en papel, y en castellano.

LA NAVIDAD MEJOR CONTADA


¡¡¡YA ESTAMOS EN MARCHA, OTRA VEZ!!!

lunes, 4 de agosto de 2014




LA NAVIDAD ES puro CUENTO

PRÓLOGO de Pilar Celma

José Antonio Abella Carlos Aganzo Pablo Andrés Escapa Ernesto Calabuig
Gonzalo Calcedo Patricia Esteban Erlés Gregorio Fernández Castañón Ignacio Ferrando
José Ignacio García Elías Moro Cuéllar Teresa Núñez González Yolanda Izard
Miguel Paz Cabanas Alfredo Pérez Alencart Santiago Redondo Vega
Gloria Rivas Muriel Txani Rodríguez Mar Sancho Tomás Val

PORTADA de Ricardo Palomino
Coordinador de ilustradores Óscar del Amo

El nuevo milagro literario de la 
próxima Navidad.

¡¡¡Gracias a todos los que lo vais a hacer posible!!!

miércoles, 30 de julio de 2014

RECOMENDACIONES LITERARIAS IMPRESCINDIBLES PARA ESTE VERANO

Ya sabéis que no soy muy ducho en el arte de la informática. Por eso debéis disculpar mi falta de criterio a la hora de colocar las fotos. Pero estos son los últimos libros que he reseñado en ABC, y cuya lectura os recomiendo de manera inevitable. Su lectura os ayudará a disfrutar de un verano maravilloso. Y si os sobra tiempo no os olvidéis de los cuentos de Mar Sancho que recomendé el año pasado. La buena literatura ni caduca ni se pasa de moda.


Foto: Muchas gracias a José Ignacio García García y Fernando Conde por ese "Rey Vestido" de hoy sábado en el ABC...estupenda reseña que lucha por esa poesía nuestra con pies de barro, que tanto y a tantos nos emociona cada minuto... 

José Ignacio, te admiro y respeto a partes iguales. Tu talento como prosista sólo lo supera tu bondad como persona, y justo es reconocerlo.
Un abrazo para los dos. Gracias de nuevo.

“…ninguna de sus certidumbres valía más que un cabello de mujer […]”

 Albert Camus, "El Extranjero."

jueves, 26 de junio de 2014

POR NO SABER DECIR NI YES

Llevo años (al menos desde que observo la presunta incultura general de mis hijos y de otros muchachos de su edad) quejándome de lo poco preparados que están nuestros jóvenes en materia educativa, ya que -por lo general- no son capaces de recitar sin equivocarse el nombre de un par de autores de la generación del 27, confunden (aunque puede que eso sea una suerte, al menos para ellos) a Franco con un futbolista, y no saben dónde nace el Ebro, ni si Anibal es un general cartaginés, de cuando Cartago se comía el mundo, o el protagonista sanguinario de una película, basada -por cierto- en una novela.
Puede que eso sea verdad, pero lo que también resulta evidente es que ellos han sabido adaptarse a las tecnologías y medios actuales, y manejan de maravilla los instrumentos adecuados para encontrar toda la información que necesiten enseguida. Al final pienso que como ocurrió con la irrupción de las calculadoras, que nos hicieron olvidar hasta las tablas de multiplicar, lo mismo pasa con la cultura: para qué la van a almacenar en la cabeza (salvo que quieran participar en "Saber y ganar"), si es más cómodo conservarla en una tablet, en un esmarfon o en otro engendro similar, y echar sólo mano de ella cuando les haga falta buscar alguna información.
Algo parecido ocurre con los idiomas. En mis tiempos de colegio "resultaba elegante y adecuado" estudiar francés, y perder el tiempo con el inglés era casi sinónimo de ser progre y de izquierdas. Hoy, sin embargo, nuestros hijos cantan con una pronunciación casi nativa los grandes éxitos del jigpareig internacional, como nosotros tarareábamos a pleno pulmón en nuestra mocedad las baladas de Los Pecos o los rocanroles de Tequila. Y así nos luce ahora el poco pelo que nos queda a los que no sabemos decir ni yes, cuando nos invitan a presentar un concierto en el que los títulos de casi todas las canciones se pronuncian en inglés.
A ver cómo salgo del atolladero con mi pronunciación ortopédica, aprendida a fuerza de escuchar “Los cuarenta principales” en la radio del coche. 

miércoles, 25 de junio de 2014

TODO SEA POR UN LIBRO




No os asustéis. No voy a picar piedra ni a grabar un disco con mi voz de tenor afónico. Esto sólo lo hago por todos los que me leéis. Porque, si no, dudo mucho de que pudiera seguir escribiendo el libro de nunca acabar que llevo encofrando desde que el Destino decidió darme otra oportunidad de seguir contando mi vida, las que me rodean y las que se me ocurren.
Probablemente estaba demasiado bien acostumbrado en mi casona de Portillo, con su biblioteca que me inspiraba con solo mirar las vigas de madera maciza y los muros de piedra y adobe, esos muros que me aislaban del mundo y de sus ruidos. Ahora en Medina del Campo me ocurre todo lo contrario, vivo de alquiler en un piso, al lado de un parque y cerca de las vías del tren.
En el edificio hay personas que ya vivían en él cuando llegué, y que no tienen por qué alterar sus costumbres con mi llegada. Por eso, mis vecinos, que no deben de oír muy bien, ponen la tele a todo gas desde que se levantan; el ascensor demanda unas gotas de aceite que alivie la artrosis de sus mecanismos; y algunas puertas avisan de su existencia a porrazo puro.
El parque, con la llegada del verano, ha despertado de su letargo no sólo -que sería lógico y disculpable- con las risas y los gritos de los niños, el canto de los pájaros y el ladrido de los perros, sino que además lo han sitiado grúas, hormigoneras y otras máquinas de guerra que me roban el silencio y la paz. Y, para colmo, los trenes no se conforman con pasar, sino que avisan de su entrada o su salida en la estación cercana haciendo ostentación de sus frenos y sus alarmas. Menos mal que Medina ya no es el nudo ferroviario estratégico de antaño, porque si no ni siquiera podría aprovechar el insomnio nocturno ni la tranquilidad que a esas horas invade los domicilios de mis vecinos.
Pero como hay que buscar alternativas y soluciones para todo, aquí estoy, pertrechado de tapones y de cascos, con un zumbido en los oídos que recuerda a la estática de los transistores de antaño cuando no lográbamos sintonizar el dial, para que escucharan nuestras abuelas La saga de los Porretas,  las radionovelas de Guillermo Sautier Casaseca y el consultorio sentimental de Elena Francis.
Todo sea por la Literatura y mis lectores. Ya he dicho muchas veces (creo) que una vez escuché a Manuel Vicent argumentar que para que los lectores disfrutaran de un gran libro, su autor tenía que sufrir mucho escribiéndolo.
Os aseguro que si el axioma es correcto, vais a disfrutar de lo lindo con "El cuento que quisiera escribir contigo". Lo que no sé es cuando. Porque si antes empezaba un cuento y no lo dejaba hasta terminarlo, ahora me ha dado por hacer caso a uno de los asertos del decálogo de Bolaño, y estoy escribiendo seis o siete relatos a la vez, que son tan voraces que no se cansan de crecer a mi costa (o a la de mi creatividad), y aún tengo otros cuatro o cinco por empezar, más alguno de esos inesperados que surgirán a última hora, buscando alojamiento, aunque sea en las páginas menos brillantes del libro. A este paso, la docena que ya ha pagado su pensión completa se va a encontrar con que algún okupa indocumentado trate de usurparle el puesto.
En fin, confío en que al final el libro se llene con los inquilinos adecuados, y que sus andanzas os hagan disfrutar en la misma medida en que yo estoy padeciendo para terminarlo.

jueves, 5 de junio de 2014

LAS TRAGAPERRAS DEL ALCALDE

Os voy a contar una anécdota de la que fui testigo hace tiempo, y que habla por sí sola de la peculiar personalidad del primer edil del ayuntamiento de Valladolid.

Unos amigos me habían invitado a su boda civil, y habían solicitado que los casara un concejal de la oposición, porque sus ideas no comulgaban con las de la primera autoridad de la ciudad. Sin embargo, el alcalde, haciendo gala de su famosa y altanera personalidad, no sólo no autorizó tal circunstancia, sino que mis amigos y todos los invitados tuvimos que tragarnos su ceremonia y sus palabras, sobre todo cuando saltó tan pancho que FJLdlR no era más importante que otro concejal, pero que el alcalde sí, y que mientras que él estaba en la casa consistorial era el único que se encargaba de oficiar casamientos.

He de reconocer que, para mi sorpresa, luego hilvanó bien los trapos y el traje resultante fue bastante curioso. tan curioso como que todavía no sé por qué me niega el saludo cada vez que coincidimos en algún acto público. Será que teme que le contagie alguna infección cutánea si estrecha mi mano, o que considere que en este mundo nuestro de cada día hay clases y castas, y algunos no estamos a su altura. Allá él. Os aseguro que sus modales y su arrogancia no me quitan el sueño.

Y si hoy incluyo en mi comentario a este señor (y le califico así, porque yo también fui de niño a un colegio de pago, donde me enseñaron buenos modales y me regalaron una excelente educación) es porque el lunes por la mañana me quedé de piedra con un comentario que un empleado de la ORA me susurró al oído, con la precaución que emplearía al hacerlo un confidente con la pasma.

Veréis.

Había acudido yo con mi madre al Hospital Clínico Universitario de Valladolid para que le hicieran un control sanguíneo sin aparente importancia. Y como chico prevenido que la vida me ha acostumbrado a ser, aunque eran las 8 de la mañana, la ORA no empieza a funcionar hasta las 9, y el control de mi madre tenía que ser cosa de minutos, eché unos centimillos a una de las tragaperras del alcalde, para que no cantara el buen señor la especial por culpa de un poco de calderilla. Sin embargo, para mi desgracia, y sobre todo para la de mi madre, las cosas se fueron complicando de tal manera que mi madre fue pasando de consultas a urgencias y de allí a quirófanos como quien sale de casa por la mañana, se toma un café en un bar cercano y entra a trabajar en el taller de la esquina. Yo era el único que la acompañaba, y si bien la primera vez que salí a renovar el ticket de la tragaperras de marras lo hice con cierta tranquilidad, porque a mi madre sólo iban a mirarle por qué le había salido un bulto en el cuello, y porque aún no había transcurrido el tiempo necesario para que tuviera que mover el coche. El segundo cambio ya fue más delicado, primero porque el bulto de mi madre se estaba poniendo más rojo que la tarjeta de expulsión que emplean los árbitros, y segundo porque no quería que el señor alcalde volviera a cantar la especial gracias a mí. Pero con el tercero fue la vencida. Mi madre estaba ya en un antequirófano, estable, pero con la expectativa de que tuvieran que practicarle una traqueotomía. A esas horas ya me importaban un pito mi coche y la grúa municipal y hasta las tragaperras del alcalde y que cantara bingo gracias a mi imprevista e indeseada desgracia maternal. Pero una celadora me tranquilizó lo justo, y me animó diciéndome que mi madre estaba en buenas manos y que me daba tiempo a renovar el impuesto revolucionario al que nos someten a los conductores por ocupar la calle que es de todos. El caso es que estaba yo sacando un nuevo recibo de la tragaperras del demonio cuando coincidí con un hombre al que reconocí por su indumentaria como un empleado de la ORA. Le conté mi apuro, y le dije que no tenía ningún problema en renovar el pago del impuesto revolucionario (por supuesto que no empleé esas palabras para argumentar mi demanda), pero que se hiciera cargo del estado de mi madre, y que no me hiciera mover el coche, ya que no sabía cuánto tardaría en volver a encontrar un hueco, al menos a 200 metros de donde había aparcado el coche.

¿Y qué creéis que, para mi sorpresa, me confesó el hombre al oído con la confidencialidad que emplearía un confite de los maderos? Pues que no sólo no podía hacer la vista gorda ni actuar con humanidad, sino que además sus compañeros y él tenían órdenes tajantes del alcalde de aplicar en esa zona la ley de una forma más estricta que en otras de la ciudad, porque por casos como el mío, y otros similares, era donde las tragaperras del eterno gobernante más recaudaban.

Así que supliqué al Destino para que las palabras de la celadora fuesen ciertas, y para que alguien me hubiera dejado un sitio libre, a más de 200 metros, eso sí, de donde estaba aparcado mi coche, y pensé en el lugar donde tendría metida la solidaridad ese gobernante indesgastable que alguna vez practicó el caritativo oficio de médico.

Y enseguida tuve claro que alojaba los sentimientos a la altura del pecho, pero no en el corazón, sino en el bolsillo interior de la americana, que es donde habitualmente los hombres que gastan traje guardan la cartera.

jueves, 1 de mayo de 2014

PIERDA EL QUE PIERDA, MADRID GANA

Mis temores se han confirmado. Llegó la final soñada, la final deseada, la final temida. Desde anoche, pase lo que pase en esa final, y le pese a quien le pese, el fútbol español es, una vez más, campeón de Europa de clubes, sin que haya tenido que disputarse el partido definitivo. Es más, pierda quien pierda, Madrid gana. Ya ha ganado, de hecho.
Cuando se realizó el sorteo de semifinales me pareció que el Atleti era el que, a priori, más fácil lo tenía de los cuatro para pasar el trago. Mi opinión no varió después de celebrarse el choque de ida en el Calderón, y eso a pesar de que los pupilos de Simeone firmaron tablas frente a los de Mourinho. Me basaba entonces en un argumento, al que añadí otro el martes, cuando el Real Madrid arrolló al Bayern en su fortaleza bávara. Mi primer argumento consistía en que, tras la infortunada lesión de Cesh, el equipo del Manzanares iba a jugar la vuelta con portero y el Chelsea sin él. A ese argumento incorporé otro el martes por la noche, que me podrá rebatir y discutir quien quiera, pero que es mío, y por eso lo expongo. Y mi teoría añadida consistía en que el técnico luso del equipo londinense había puesto en un plato de la balanza el miedo a perder la final contra el Madrid, y en el otro la ilusión de ganar al equipo merengue ese partido. Y una vez sopesados, podía más el temor a palmar que la ilusión de ganar de ese bravucón de mentirijillas.
Así que la suerte estaba echada antes de que el partido se jugara. Al margen de que, hoy por hoy, el Atlético de Madrid es un señor equipo, una orquesta afinada que no desentona casi nunca.
Y ahora viene lo peor.
Porque uno de los dos equipos madrileños tendrá que perder esa final. Y, al contrario que Mourinho, los dos equipos madrileños están locos por jugarla y por ganarla. Y van a darlo todo para conseguirlo, aunque al final sólo uno podrá levantar la tan deseada orejona.
Ni oír quieren colchoneros y blancos de repartos de títulos. Eso de la liga para unos y la champions para los otros. Ambos quieren ganar los dos trofeos. El Madrid, porque sobrevive gracias a una sed inagotable de triunfos, y no se cansa nunca de beber en las fuentes del éxito; por eso, querrá cerrar la temporada con un triplete histórico y que, matemáticamente, está aún a su alcance. Y el Atlético porque lleva impreso el ADN de su técnico, un ganador nato que no dará un título ni un balón por perdidos hasta que sus jugadores no exhalen el último suspiro ni los árbitros piten el final de cada encuentro.
Puestos a comparar las individualidades del Real Madrid, al que le faltará el equilibrio en la medular de un Xabi Alonso casi imprescindible, y el bloque compacto, como de hormigón armado, del equipo colchonero, resulta difícil apostar por un favorito claro.
Sin embargo, yo tengo una teoría más. La liga la va a ganar el conjunto rojiblanco. Así equilibrarán los dos clubes capitalinos los títulos conseguidos esta temporada, antes de llegar a la final europea. Y esa final va a ser una moneda tirada al aire en la que sí tengo claro cual es el equipo que más tiene que ganar; que, en mi opinión, y en justa reciprocidad, también es el que más tiene que perder. Y ese es el Atlético de Madrid.
Ya sé que muchos discreparán, y harán bien. Si todos pensaran como yo sería muy aburrido. Pero por mucho que el Madrid ansíe "la décima", ya tiene nueve copas en su palmarés, y el Atlético ninguna. Y si en esta ocasión los colchoneros vuelven a morder la hierba, como les pasó hace cuarenta años, quién sabe cuándo podrán volver a disputar otra final del máximo rango continental, si es que vuelven a tener la ocasión para disputarla; mientras que los chicos de Florentino, más pronto que tarde, volverán a estar en la pomada; simplemente porque la estructura y el potencial de su club es inmensamente más poderoso que el de sus contrincantes de la ribera del Manzanares.
En unos días veremos si David puede con Goliath, o si Carlo se zampa al Cholo.
En cualquier caso, y pase lo que pase, ganará Madrid y ganará el fútbol.

miércoles, 30 de abril de 2014

ANOCHE, EN LA TELEVISIÖN, CASI HAGO PLENO DE ACIERTOS EN MIS APUESTAS

No soy un ávido consumidor de tele. Sólo estoy enganchado  a "El príncipe" -no sé si por el embrujo de los ojos moros de la protagonista o por el toque dramático de un Coronado al que todos decepcionan, y que ha ido ganando categoría con los años-, y a "Máster Chef", aunque ese programa me gustaría más si en lugar de ser un reality con trasfondo culinario, fuera realmente un concurso de cocina, y los participantes en lugar de ser djs, arquitectos, publicistas o nigromantes altos y guapos y jóvenes, fueran personas normales que supieran cocinar. Y a ese par de vicios, más o menos confesables, debo añadir el de los buenos partidos de fútbol, que aunque abunda el peloteo, luego no son tantos los partidos verdaderamente interesantes que merece la pena ver.
Pero anoche coincidieron dos acontecimientos televisivos de mi apetencia (aunque, para ser riguroso, uno fue detrás del otro). En la 1 el partido de fútbol de las semifinales de la Champion entre el Bayern y el Real Madrid, y en Tele5 el penúltimo -supongo- capítulo de "El príncipe". Y casi hago pleno en un par de apuestas que surgieron alrededor de ambos eventos.
Desde que hace dos años, precisamente coincidiendo con la ida de un Bayern-Real Madrid de semis de Champion en Munich, estuve más para allá que para acá, digamos que "veo cosas"; y así, desde entonces he acertado algunos resultados deportivos inexplicables, he vaticinado algunas muertes imprevistas (por desgracia) y he atinado más en ciertas premoniciones que esos adivinos chapuceros que habitan los programas televisivos de madrugada, sólo aptos para noctámbulos insomnes y al borde de la desesperación. Y ayer me volvió a pasar. A la hora de la comida "vi" una pantalla de televisión con un 0-3 a favor del Real Madrid en el infierno bávaro. Lo malo es que esa visión, por la que más de uno me tachó por la tarde de loco, debió de producirse antes de que a Cristiano Ronaldo le diera por marcarse una frivolidad y engañar en el lanzamiento de una falta directa al borde del área incluso al realizador de la televisión. Es lo que tienen los genios, que a veces disfrutan chafando las predicciones de los pobres mortales como un servidor.
Sin embargo, en el caso de la serie de Tele5 acerté de lleno. Aunque en ese caso no fue cosa de mi presunta virtud visionaria, sino de mi oficio de narrador, que imagina argumentos y guiones. Me explico. Llevo desde el principio de la serie diciendo que el candidato a marido legítimo de la amante del poli, que se pasa la serie luciendo una arboladura de solemnidad, huele a malo que apesta. Más que un cargamento de fruta que se corrompe en un contenedor expuesto durante semanas al sol de verano. Algún amigo que sigue la serie me decía hasta anoche que esa deducción era fruto de mi imaginación delirante. Con la cara de pretendiente ideal que tiene el como se llame ese, que en la serie va de buen chico que nunca ha raspado siquiera el grabado de un plato.
¿Pero tan difícil es de entender que el poli Morey necesita un antagonista de verdad, y que ese no puede ser Faruk, el hermano de Fátima, que sólo vela por lo que le interesa?
Además, para que la bella mora no falte a sus promesas familiares, y al final todos sean felices y coman perdices (no como en "Juego de tronos", que veía cuando podía pagar la hipoteca de una casa propia y la cuota mensual del Canal Plus), hay que pillar en un renuncio al novio irreprochable. Es de manual. Incluso ese final se le habría ocurrido al guionista del culebrón sudamericano menos pretencioso.
Anoche por fin se le vio el plumero al barbitas. Lo suyo es que los guionistas realmente nos sorprendieran y se inventaran otro final. Yo que sé, o un barrio que explota por los aires. O que en realidad la morita de los ojos brujos sea la mala de la peli, con lo buena que está, y se haya estado cepillando toda la temporada al tolilas del espía del CNI para enterarse de todo y pasarle la información al sufrido y resignado novio, y al hermano pequeño que amaga desde el principio con convertirse en un mártir de una causa que está más que clara desde el principio.
En fin, el martes saldremos de dudas. Pero sólo a ese respecto. Porque el Madrid tendrá que esperar un poco más para conseguir la "décima". Si es que, por fin, la consigue este año.

martes, 29 de abril de 2014

ENTREGA PREMIOS VII CERTAMEN LITERARIO "CUÉNTAME PORTILLO"

(de izquierda a derecha) José Ignacio García (coordinador del certamen), José Antonio Palomares (ganador),
Pedro Alonso Martín (alcalde de Portillo), y Luis Marigómez (escritor y mantenedor del acto) 

El pásado sábado día 26, tuvo lugar la entrega de premios del VII CERTAMEN NACIONAL DE RELATO CUÉNTAME PORTILLO, en una gala que contó con la actuación del cuarteto de cuerda DOLCI CORDE, y en la que ofició como mantenedor el poeta, escritor, crítico y traductor Luis Marigómez, que desplegó una interesante teoría comparativa de los temas fundamentales de la literatura, desde la antiguedad hasta nuestros días, utilizando como ejemplos "La odisea" de Homero, "Don Quijote de la Mancha" de Cervantes, "El camino" de Delibes, y el relato "Laura o Silvia o Eva", con el que el escritor madrileño José Antonio Palomares se hizo acreedor al galardón del certamen, consistente en una pieza de alfarería del artista local José María Martín Torres y 600 € .



martes, 22 de abril de 2014

JOSÉ ANTONIO PALOMARES GANA EL VII CERTAMEN NACIONAL DE RELATOS “CUÉNTAME PORTILLO”.

Un jurado -presidido por el poeta, crítico literario y expresidente del gremio de libreros de Valladolid, Enrique Señorans; y formado por el abogado Enrique Nieto, el catedrático de Literatura José Luis Salvador, el guionista y productor audiovisual y cinematográfico Zeus Pérez Villán, por el escritor José Ignacio García, premio Miguel Delibes de Narrativa 2009, y por el concejal de Cultura del Ayuntamiento de Portillo, Carlos Goméz Iglesias, que además actuó como secretario- decidió, entre los 378 relatos recibidos de España y Sudamérica, conceder por mayoría el premio al relato “Silvia o Laura o Eva”. Una vez abierta la correspondiente plica, resultó ser su autor el escritor José Antonio Palomares (Madrid, 1974). Palomares –que está casado con la exitosa escritora Rebeca Rus, y es director creativo de una afamada agencia de publicidad, con la que ha conseguido un León de Oro en Cannes y varios Soles de Oro en San Sebastián- ha obtenido diversos premios literarios, como el “Ciudad de Algeciras” o el “Castillo de Puche” de novela corta; el “Café Bretón” o el “Gerard Brenan” de Narrativa, y ha publicado las novelas cortas “El alma del pupitre de al lado”, “El cornezuelo de cola azul” y “Las cifras mandan, Balboa”- Además, en 2006 obtuvo el Premio de Narrativa Joven de la Fundación Complutense con su novela “Me llaman Fuco Lois”. El relato de Palomares, ambientado en una estación de metro y escrito en segunda persona es trepidante, va ganando intensidad conforme avanza la trama y culmina con un desenlace inesperado y sorprendente que, tras arduas deliberaciones, se ganó la voluntad de la mayor parte de los miembros del jurado. El acto de entrega del premio, dotado con 600 € y trofeo conmemorativo, tendrá lugar el próximo sábado 26 de abril, a las 20,00 h. en el teatro Álvaro de Luna de Portillo, en una ceremonia que contará con la participación del cuarteto de cuerda “Dolci Corde” y en la que ejercerá como mantenedor el escritor Luis Marigómez.

viernes, 4 de abril de 2014

REFLEXIONES DE CINE

De alguna manera, con el cine me pasa como con la literatura. Soy poco propenso -salvo los títulos fundamentales, y porque no me queda otro remedio- a leer literatura escrita en cualquier idioma que no sea el castellano, porque tengo la sensación de que siempre estaré leyendo al traductor, en lugar de disfrutar al creador de la obra en su lenguaje original. En el caso del cine la cuestión es aún más compleja, ya que al tema de la traducción de los textos -baste el ejemplo de los títulos: lo que en EEUU aparece con el nombre de PLUM, en España se titula EL DÏA LLUVIOSO EN QUE A MARY O¨SULLIVAN LE APETECIÖ TOMARSE UN CHOCOLATE CALENTITO; Y NO PUDO HACERLO PORQUE LE DOLÏA UN PADRASTRO EN EL DEDO GORDO DEL PIE DERECHO- se une el doblaje de las voces originales. Y menos mal que en este país, algo bueno tenemos que tener, podemos presumir de unos actores de doblaje extraordinarios, que en muchas ocasiones contribuyen a mejorar bastante la calidad de la cinta.

Por esa razón, suelo acudir al cine con frecuencia para ver todas las películas made in Spain que puedo, aunque al cabo de dos horas salga de la sala con cara de acelga anémica de clorofila, por muy buenas referencias mediáticas, críticas o publicitarias, que la peli consumida atesorara previamente.

En el lugar donde vivo había una discoteca mastodóntica, que lanzaba rayos láser cuando La guerra de las galaxias no había tomado la primera comunión. Cuando a la gente se le quitaron las ganas de bailar, la disco cerró sus puertas y se reconvirtió en unos multicine, donde se puede ver lo que se puede ver. Tal vez por esa razón me cogiera de sorpresa que una de las principales candidatas a los goya de este año fuera una película de David Trueba de la que no había oído ninguna referencia. Vivir es fácil con los ojos cerrados se convirtió desde entonces, y aunque sólo fuera por el hecho de haber recibido tantas nominaciones, en un oscuro objeto de deseo, que no encontraba anunciada en ninguna cartelera.

Estaba seguro de que no sería un buen sucedáneo, pero aprovechando la campaña de cine barato que han ofertado algunos cines durante unos días, entretuve el mono cinéfilo viendo el bombazo de la temporada, la peliícula española más taquillera de la historia, etc, etc, etc. Ocho apellidos vascos me pareció una payasada en toda regla. Clara Lago tiene de vasca lo que yo de noruego, Karra Elejalde hace un personaje sobreactuado, Carmen Machi me sigue recordando a Aída, y el prota que hace de sevillano disfrazado de líder de la insurrección vasca -y de cuyo nombre no logro acordarme- es un poco patético. El argumento no puede ser más manido y socorrido: chico conoce chica por casualidad, se cuelga de ella y la persigue; el azar les hace fingir lo que no son, y al final los dos terminan siendo lo que estaba cantado a gritos que iban a ser. Vamos, una comedia de amor con un final feliz en coche de caballos por las calles de Sevilla, con Los del Río amenizando la excursión. Y los chistes, y las confusiones en el uso del euskera no pueden ser más facilones. Pero, qué quieren que les diga, no paré de reírme desde la primera escena hasta que al final aparecieron los títulos de crédito. Y para lo que habitualmente se encuentra uno por ahí, la película me bastó para hacer un paréntesis en mi atribulada existencia, y para tener que ejercitar la mandíbula hasta que volví a encajarla en su sitio, tan dislocada como estaba de darle tanto a la carcajada repentina con una parodia divertida, que se deja ver, que caricaturiza sin burlarse de nadie el independentismo vasco, y que no se acuerda ni de la crisis ni del paro ni de la biblia en verso.

Aunque sólo sea por eso, y porque ha conseguido que la gente vaya al cine y llene las salas, ole por Ocho apellidos vascos. Pero, al hilo de llenar las salas, me pregunto si viendo cómo se han puesto los cines cobrando las entradas a menos de tres euros, no sería mejor dejar ese precio para una buena temporada, y que las salas se llenaran en lugar de que habitualmente, al menos en la discoteca reconvertida a la que yo suelo acudir, vayamos siempre los mismos, que podemos jugar a las cuatro esquinitas. Si el gobierno aplicara un IVA razonable, y los empresarios de cine calcularan el plus añadido que iban a conseguir en chuches, palomitas y cocacolas igual les salia rentable la rebaja, contribuirían a crear empleo recuperando la figura de los acomodadores, y evitarían que cundiera el desánimo que uno siente cuando, por ejemplo, se encuentra a cuatro personas contadas viendo Amor de Haneke. Tal vez, con otra política impositiva y comercial, aumentaría nuestra cultura cinéfila y la necesidad de frecuentar las salas para disfrutar de actores tan fantásticos como Jean Louis Trintignant y Emmanuelle Riva, en la película que acabo de citar.

Pero, a lo que iba, antier, mientras desayunaba mi café descafeinado de cafetera con leche, sacarina y tostadas, y me leía El Norte de Castilla, vi anunciada en un cine de Valladolid la película de Trueba. Claro, no era cosa de desaprovechar la ocasión, no fueran a cambiar hoy la cartelera, y me fui a verla con mi novia. Valladolid nos recibió con un aguacero iracundo y con el arco iris más bonito que he contemplado nunca (claro que la compañía, y lo idílico de la escena, también ayudaban lo suyo) como pórtico a la proyección del film. Ese arco iris espléndido tenía que ser forzosamente el preámbulo de una velada mágica. Y así fue. Vivir es fácil con los ojos cerrados me pareció fascinante. Retrata con cariño una época de los difíciles sesenta, con sus luces y sus sombras, con sus convencionalismos, sus tradiciones y la esperanza puesta en una juventud capaz de derribar muros y barreras en un futuro no demasiado lejano. Además, la cinta está llena de literatura, de filosofía, de encanto... Javier Cámara va a terminar convenciéndome de que aunque siempre haga el mismo papel, siempre lo hace bien, y el papel de la prota, Natalia de Molina, a la que me empeñé desde el principio en confundir con Marta Etura (pero seguro que no seré al único al que le ha pasado), me cautivó desde que aparece recluida en un patio lóbrego y sin expectativas.

Hay veces en que los premios fallan y hacen justicia. Vivir es fácil con los ojos cerrados puede ser un buen ejemplo. En cualquier caso, me quedo con una sentencia adaptada que Cámara espeta a bocajarro en la película: el cine, como la literatura (traducida u original), nos puede salvar la vida.

O, al menos, hacernos pensar para rescatarnos de la apatía y del aburrimiento.

lunes, 31 de marzo de 2014

UN LUJO CONTAR CON JOSÉ MANUEL Y TOMÄS EN EL TALLER



Un lujo para el Taller de Escritura Creativa de la Biblioteca Pública de Valladolid, contar este primer curso con la presencia de José Manuel de la Huerga (centro) y Tomás Sánchez Santiago (izquierda) como conferenciantes, que regalaron su obra, su sabiduría y su experiencia a los miembros del Taller.

CONFERENCIA DE CLAUSURA I TALLER ESCRITURA CREATIVA EN LA BIBLIOTECA PÚBLICA DE VALLADOLID, CON TOMÁS SÁNCHEZ SANTIAGO, TODO UN LUJO






El pasado viernes 28 contamos con la presencia de Tomás Sánchez Santiago como conferenciante, para clausurar el primer Taller de Escritura Creativa de la Biblioteca Pública de Valladolid. Adjunto el prólogo que sirvió de presentación a su conferencia; que contó además con el lujoso acontecimiento de la compañía de José Manuel de la Huerga, que protagonizó hace algunas jornadas con los miembros del Taller una aproximación a su vida y a su obra, y que participó activamente en el coloquio posterior a la conferencia, para disfrute de los asistentes.






Recuerdo perfectamente la cafetería, situada en una esquina de la avenida alcalde Miguel Castaño de León. Fuera, el sol se batía en retirada, hostigado por las primeras sombras del atardecer.   Consumía el calendario el verano de 1998. Había quedado con él para que me diera su opinión sobre los relatos del que poco después se convertiría en mi primer libro, que habría de titularse Me cuesta tanto decir te quiero.

Tal vez aquella tarde, cuando aún prevalecía en mí la osadía orgullosa e improcedente de un principiante ilusionado que todavía no había aprendido a admirarle como se merece; cuando su generosa personalidad aún no me había conquistado por completo…, en aquella céntrica cafetería leonesa, acompañados no sé si por unos cafés, por unos vinos o por unas cervezas, debería haberle hecho más caso, y no tomarme la literatura, o la creación literaria más concretamente, como un tren oportunista y cargado de urgencias que iba a detenerse una sola vez en la estación de mi porvenir.

En cualquier caso, se mostró comprensivo e indulgente, a pesar de las manifiestas carencias que proclamaban muchos de los relatos de aquel libro iniciático, y aceptó participar en su presentación, en el viejo edificio de la plaza de Las Palomas que había acogido durante años a la corporación de la capital legionense, vaticinándome incluso, que nunca podría saberse dónde llegarían mi vida literaria y mis libros, si es que venía algún otro detrás.

Tomás Sánchez Santiago ha sido desde entonces un referente inexcusable en mi vida y en mi obra, una luz que seguir en los momentos en que la duda lo volvía todo oscuro, un consuelo en forma de palabras afectuosas y balsámicas cuando mi afán creativo, mi moral o mi salud sufrían la anemia de la desesperación, el resquebrajamiento o la incertidumbre. Desde entonces, como digo, Tomás me ha regalado más de una vez sus sabios consejos y sus ánimos en la distancia, me ha enseñado a amar más, si cabe, la Literatura, me ha desvelado a autores y obras que se han convertido en un ejemplo para mí, y ha acudido a mi reclamo siempre que lo he solicitado, participando en jurados, empujando el proyecto Contamos la Navidad, prologando la última de sus ediciones, y recomendándome a otros escritores y pintores que han contribuido al fortalecimiento de una aventura cultural que inexplicablemente, y sin otro criterio claro que el de fomentar la lectura, no deja de crecer año tras año. Pero además de transmitirme su cariño personal, su erudición y su amor por la Literatura, este poeta zamorano afincado en León, y con frecuencia metido a narrador o columnista brillante y agudo, me ha deprimido cada vez que he leído sus poemas, o sus libros y sus artículos en prosa, porque tengo la absoluta certeza de que nunca, ni remotamente, seré capaz de acariciar su talento, ni la delicadeza aterciopelada con que sus versos o sus metáforas entretejen telas de araña, que arrulladas por su voz tranquilizadora parecen tapetes abolillados con el más sutil de los encajes.

Nunca olvidaré la tarde en que Tomás presentó el libro de otro buen poeta y amigo, como es Máximo Cayón, en una campa de un pueblo perdido de la montaña leonesa. El intrépido Gregorio Fernández Castañón iniciaba con ese volumen de poemas (y lo presentaba en su pueblo natal, Otero de Curueño), una colección que crece como un roble saludable con el nombre de Los libros de Camparredonda. Pese a ser verano, hacía mucho frío; y la gente que abarrotaba la campa se apretaba entre sí y se cubría con mantas, incapaz de huir, pegada a la hierba, hechizada por el poder fascinador que destilaba su cálido parlamento. Creo que nunca como aquella tarde me sentí literariamente más feliz, escuchando a alguien proclamar el valor de la palabra convertida en poesía. He leído muchas veces aquella presentación, reproducida en las páginas de la revista Camparredonda, pero siempre me faltaba la voz personalísima de Tomás, esa voz humilde y sencilla que hipnotiza, empapa y enamora, que pregona a un hombre minucioso que convierte lo cotidiano que le rodea en manifestación poética o novelada, y que, como un mesías de nuestras letras, es capaz de dotar de vida a personajes o espacios inanimados.

Incluso, hablando de novelas, gracias a él, y a Gregorio, por supuesto, tuve la oportunidad de continuar la colección iniciada por el poemario de Maxi con la novela Mi vida, a tu nombre, que me devolvió casi por capricho del azar la convicción de que en mi interior vive un escritor que, de vez en cuando, tiene que explotar y compartir sus sueños y sus zozobras con el mundo que le rodea. Tomás tenía que haber publicado ese año Los pormenores en Camparredonda, pero le pidió a Goyo unos meses más de plazo, y gracias a esa demora, unos folios polvorientos, que se amontonaban en la biblioteca de mi añorada casa de Portillo, fraguaron en una novela breve que era un canto al amor y a la fidelidad, y que sirvió para demostrar que lo que escribo no siempre se convierte en realidad, o al menos no lo hace hasta que encuentra los protagonistas que encajan a la perfección en su papel. En cualquier caso, Tomás tomó el relevo al año siguiente con un libro que alguien dijo que era difícil de clasificar, cuando hacerlo era facilísimo: se trataba, simplemente, de un libro majestuoso, como lo son sus poemarios La secreta labor de cinco inviernos, En familia, El que desordena, o la antología Cómo parar setenta pájaros ... Su recopilación de artículos periodísticos Salvo error u omisión, o los más recientes, que podemos leer en el suplemento cultural La sombra del ciprés de El Norte de Castilla; o su obra en prosa, con libros como Para qué sirven los charcos o la mítica Calle Feria, seguramente la novela más importante que se ha escrito en Castilla y León en los albores del siglo XXI, y que en su momento fue condecorada con el premio de novela Ciudad de Salamanca.

Y es que el sabio poeta, el humilde profesor, la gran persona, el genio que pisa despacio y crea sin hacer ruido, el mago que es capaz de convertir en héroes literarios a personajes aparentemente anodinos con los que cualquiera puede coincidir a diario por la calle, es poco proclive a las loas y a los premios. Su universo personal y creativo prefiere deambular por unos territorios que pisa y domina, aunque no siempre sean reales, o no lo parezcan cuando los adorna con su capacidad creativa o los embadurna con una pátina impregnada de imaginación desbordada que deslumbra al lector. El hombre modesto, el escritor prodigioso, podría pasarse horas disertando infatigablemente, con su verbo calmo y profundo, sobre todos los escritores que conoce, urdiendo un anecdotario inacabable y más rico que Las mil y una noches recitadas por Sherezade, sobre su relación con Claudio Rodríguez, sobre sus encuentros, estudios y colaboraciones con Antonio Gamoneda o con tantos y tantos otros.

Mientras escribía estas cuartillas de presentación, me imaginaba el rubor que teñiría sus mejillas al escuchar mis palabras, que no le hacen suficiente justicia. Aunque seguro que él protestará, y hasta las calificará de inmerecidas o innecesarias. Pero insisto en que mis palabras huyen del elogio fácil, y levantan un edificio enladrillado de sinceridad, de afecto y de agradecimiento. Un agradecimiento infinito por poder contar con su presencia, para que la elegancia incomparable de su talento creativo y de su portentosa erudición otorgue el mágico broche que merece la clausura del primer Taller de Escritura Creativa de la Biblioteca Pública de Valladolid. Y es que tener a Tomás Sánchez Santiago en cuerpo y espíritu es un lujo que no está al alcance de todos, y que no siempre se puede disfrutar.


Por eso, y para terminar, voy a desobedecerle una vez más, como cuando no le hice caso en aquella cafetería de León y autopubliqué mis primeros relatos. Entonces, como ahora hago, no dejé de darle las gracias por sus consejos y su apoyo, aunque me recomendara una y otra vez que no lo hiciera, porque un escritor nunca debe darle las gracias a otro; pero hoy no puedo dejar de hacerlo por regalarme el honor de presentarle, y por compartir con todos los presentes, con los alumnos del Taller y con los demás, este encuentro con su vida, con sus libros y con el oficio de escribir. Seguro que para todos los presentes, como en su momento me sucedió a mí, habrá un antes y un después de conocer al poeta y a la persona, si es que ambas cualidades en su caso son capaces de disociarse. Gracias Tomás. Gracias Maestro. Gracias por el lujo que supone para nosotros que nos regales esta tarde tu presencia y tus sabias enseñanzas; y siempre, claro está, tu obra, nunca suficientemente reconocida y proclamada. 

miércoles, 26 de marzo de 2014

INOLVIDABLE ALCALÁ



Lo confesaré. A pesar de sentirme cada vez más escritor, y de saber con una certeza tan absoluta como que ahora, por fin, disfruto del auténtico amor que no podría vivir sin respirar Literatura, nunca había visitado Alcalá de Henarés. El sábado lo hice junto a mi musa, la mujer que llena mi vida y alumbra e inspira mis últimos escritos. Recorrimos el casco antiguo, los soportales de la Calle Mayor, las murallas, las iglesias y los museos, nos sentamos en la plaza y ante la fachada de la cisneriana Universidad, y visitamos la casa donde, al parecer, nació Miguel de Cervantes. No pude reprimir unas lágrimas emocionadas cuando atravesé el umbral y accedí al patio porticado que algo tenía de claustro recoleto, o al menos eso me pareció. Sólo espero que al contacto de aquellas paredes se me pegara algo del genio cervantino, que ahora que estoy enfrascado en pleno proceso creativo, falta me hace. Y más cuando empiezan a acuciar las urgencias en forma de fechas que caducan y mi editor no deja de meterme prisas para que remate el inminente libro de cuentos que amenaza con publicar.

UNA OPORTUNIDAD ÚNICA



Recuerdo perfectamente la cafetería, en la avenida alcalde Miguel Castaño de León. Lucía el sol y era por la tarde. Y el año, 1998. Había quedado con él para que me diera su opinión sobre los relatos del que poco después se convertiría en mi primer libro, Me cuesta tanto decir te quiero. Tal vez aquella tarde, acompañados no sé si por unos cafés o por unas cervezas, debería haberle hecho más caso, y no tomarme la literatura, o la creación literaria más concretamente, como un tren oportunista que se detenía una sola vez en la estación de mi porvenir. En cualquier caso, se mostró comprensivo e indulgente, a pesar de las manifiestas carencias que proclamaban muchos de los relatos de aquel libro iniciático, y aceptó participar en su presentación, en el viejo edificio de la plaza de las palomas que había acogido durante años a la corporación de la capital leonesa, vaticinándome incluso que nunca podría saberse dónde llegarían mi vida literaria y mis libros, si es que había algún otro detrás. Tomás Sánchez Santiago ha sido desde entonces un referente en mi vida y en mi obra, una luz que seguir en los momentos en que la duda lo volvía todo oscuro, un consuelo en forma de palabras balsámicas cuando mi afán creativo, mi moral o mi salud sufrían la anemia de la desesperación, la derrota o la incertidumbre. Desde entonces Tomás me ha regalado más de una vez sus sabios consejos en la distancia, me ha enseñado a amar más, si cabe, la Literatura, me ha desvelado a autores y obras que se han convertido en un referente para mí, y ha acudido a mi reclamo siempre que lo he solicitado, participando en jurados, empujando el proyecto Contamos la Navidad, prologando una de sus ediciones y recomendándome a otros escritores y pintores que han contribuido al fortalecimiento de una aventura cultural que no deja de crecer año tras año. Pero además de transmitirme su erudición y su amor por la Literatura, este poeta zamorano afincado en León, y de vez en cuando metido a prosista, me ha deprimido cada vez que he leído sus poemas, o sus obras en prosa, porque tengo la certeza de que nunca, ni remotamente, seré capaz de acariciar su genio, ni la dulzura aterciopelada con que sus palabras entretejen telas de araña, que abolilladas por su voz parecen piezas del más fino encaje. Nunca olvidaré la tarde en que presentó el libro de otro gran poeta y amigo, como es Máximo Cayón, en una campa de un pueblo perdido de la montaña leonesa. El intrépido Gregorio Fernández Castañón iniciaba con ese volumen de poemas (y lo presentaba en su pueblo natal, Otero de Curueño), una colección que crece como un roble saludable desde entonces con el nombre de Los libros de Camparredonda. Hacía mucho frío, y la gente que abarrotaba la campa se apretaba y se cubría con mantas, incapaz de huir, hechizada por el poder fascinador que destilaba su cálido parlamento. Creo que nunca como aquella tarde me sentí más feliz, escuchando a alguien proclamar el valor de la palabra hecha poesía. He leído muchas veces aquella presentación, reproducida en las páginas de la revista Camparredonda, pero me faltaba la voz de Tomás, esa voz humilde y sencilla que empapa y enamora, que pregona a un hombre minucioso que convierte lo cotidiano que le rodea en manifestación poética o novelada. Incluso, hablando de novelas, gracias a él, y a Gregorio, por supuesto, tuve la oportunidad de continuar la colección iniciada por el poemario de Maxi con la novela Mi vida, a tu nombre, que me devolvió casi por capricho del azar la convicción de que en mi interior vive un escritor que, de vez en cuando, tiene que explotar y compartir sus sueños y sus zozobras con el mundo que le rodea. Tomás tenía que haber publicado ese año Los pormenores en Camparredonda, pero le pidió a Goyo un año más de plazo, y gracias a esa demora, unos folios polvorientos, que se amontonaban en la biblioteca de mi añorada casa de Portillo, fraguaron en una novela breve que era un canto al amor y a la fidelidad, y que sirvió para demostrar que lo que escribo no siempre se convierte en realidad, o al menos no lo hace hasta que encuentra los protagonistas que encajan a la perfección en su papel. En cualquier caso Tomás tomó el relevo al año siguiente con un libro que alguien dijo que era difícil de clasificar, cuando hacerlo era facilísimo, se trataba, simplemente, de un libro magistral, como lo son sus poemarios La secreta labor de cinco inviernos, En familia, El que desordena, o la antología Cómo parar setenta pájaros ... su recopilación de artículos periodísticos Salvo error u omisión, o su obra en prosa, con libros como Para qué sirven los charcos o la mítica Calle Feria, seguramente la novela más importante que se haya escrito en Castilla y León en los albores del siglo XXI, a pesar de que en su momento fuera condecorada con el premio de novela Ciudad de Salamanca. Y es que el sabio Tomás, el humilde maestro, la gran persona, no es proclive a las loas y los premios, su universo personal y creativo prefiere deambular por unos territorios que pisa y domina, aunque no siempre sean reales, o no lo parezcan cuando los adorna con su capacidad creativa o los embadurna con una pátina impregnada de imaginación desbordada que deslumbra al lector. El hombre modesto, el poeta prodigioso, podría pasarse horas disertando con su verbo calmo y profundo sobre todos los escritores que conoce, urdiendo un anecdotario inacabable sobre su relación con Claudio Rodríguez, sobre sus encuentros, estudios y colaboraciones con Antonio Gamoneda y con tantos otros. Mientras escribía esta presentación, me imaginaba el rubor que teñiría sus mejillas, abrumadas al escuchar mis palabras, que son parcas e injustas, aunque él protestará, seguro, ante ellas. Mis palabras, que huyen del elogio fácil, para armarse de sinceridad y agradecimiento. Un agradecimiento infinito por poder contar con su presencia, para que la elegancia incomparable de su talento erudito y magistral otorgue un broche mágico a la clausura del primer Taller de Escritura Creativa de la Biblioteca Pública de Valladolid. Y es que contar con la presencia de Tomás Sánchez Santiago es un lujo que no está al alcance de todos, y que no siempre se puede disfrutar. Por eso, y para terminar, voy a desobedecerle una vez más, como cuando no le hice caso en aquella cafetería de León y autopubliqué mis primeros relatos. Entonces, como ahora hago, no dejé de darle las gracias por sus consejos y su apoyo, aunque me recomendara una y otra vez que no lo hiciera, que un escritor nunca debe darle las gracias a otro; pero hoy no puedo dejar de hacerlo por compartir este encuentro con su vida, con su obra y con el oficio de escribir. Gracias Tomás. Gracias Maestro. Gracias por regalarnos tu presencia, tu personalidad, tu sabiduría y tu obra.